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Vine, Martín, y no estás. Me he sentado en el peldaño de tu casa, recargada en tu puerta, y pienso que, en algún lugar de la ciudad, por una onda que cruza el aire, debes intuir que aquí ______.
Apuntes
• Reflexión y espera por un ser querido Vine, Martín, y no estás. Me he sentado en el peldaño de tu casa, recargada en tu puerta, y pienso que, en algún lugar de la ciudad, por una onda que cruza el aire, debes intuir que aquí estoy. Es este tu pedacito de jardín; tu mimosa se inclina hacia afuera y los niños, al pasar, le arrancan las ramas más accesibles. En la tierra, sembradas alrededor del muro, muy rectilíneas y serias, veo unas flores que tienen hojas como espadas. Son azul marino, parecen soldados. Son muy graves, muy honestas. Tú también eres un soldado. Marchas por la vida, uno, dos, uno, dos... Todo tu jardín es sólido, es como tú, tiene una reciedumbre que inspira confianza. Aquí estoy contra el muro de tu casa, así como a veces estoy contra el muro de tu espalda. El sol también da contra el vidrio de tus ventanas y poco a poco se debilita porque ya es tarde. El cielo enrojecido ha calentado tu madre-selva y su olor se vuelve aún más penetrante. Es el atardecer. El día va a decear. Tu vecina pasa. No sé si me habrá visto. Va a regar su pedazo de jardín. Recuerdo que ella te trae una sopa cuando estás enfermo y que su hija te pone inyecciones. Pienso en ti muy despacio...
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